¡QUÉ GRANDE
ES EL FÚTBOL!, ayer me sentí orgulloso de mi equipo. Pero no por ganar 14-0, no…
Por eso puedes sentirte feliz. Me sentí orgulloso de mi equipo, de mi club, de
todos y cada uno/a de los niños/as que defienden nuestra camiseta. Ayer, fuimos
nosotros el equipo que golea y el otro el equipo goleado. Por primera vez en
tres años, conseguimos eso que siempre nos hacían a nosotros, y gracias a un
jugador rival, comprendí que grande y que orgullosos nos podemos sentir de
nuestros/as futbolistas.
Os puedo
prometer, que como entrenador, he recibido palizas impresionantes. Muchos de
vosotros habéis sido testigos. Pero nuestros/as niños/as seguían corriendo,
luchando hasta el pitido final. Jamás uno de los nuestros señaló a un
compañero/a como culpable de una derrota. Jamás ninguno de nuestros/as
futbolistas abandonó el terreno de juego, y en el descanso abandonó a su equipo.
Los nuestros/as han crecido en el lado amargo del deporte. Por eso creo que son
tan especiales. Como muchas veces digo, “salir a un campo a ganar es fácil. Lo
realmente difícil es salir a un campo, jornada tras jornada, de goleada a
goleada”. Eso, sólo algunos tienen la suficiente capacidad para hacerlo.
Ayer volví a
sentir pena por esos que dicen llamarse entrenadores, y tras el pitido final,
le recuerda al portero que ha recibido 14, que ahora cuando llegue a casa la
que le va a liar su madre. También pensé, ¡VAYA MIERDA DE MADRE!
Ayer,
nuestros jugadores nos enseñaron como ganar y festejar una victoria, sin
ofender a nadie. La alegría en el vestuario, en sus rostros dibujada. Pero no
se escuchó eso que tantas veces hemos escuchado cuando nosotros éramos los del
otro lado. Desde nuestro lado no salió esa cancioncilla que tantas veces hemos
escuchado en otros vestuarios y que termina con “… que le den por culo”
Ayer, para
finalizar, nuestros cadetes nos dieron otra lección de que bonito es el
deporte, de que GRANDE ES EL FÚTBOL…
